lunes, 1 de septiembre de 2014

“Preámbulo a las instrucciones para usar un celular”

Ésta es una adaptación de un texto de Julio Cortázar. Se re-tituló “Preámbulo a las instrucciones para usar un celular”

Piensa en esto: cuando te regalan un celular te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el celular, que los cumplas muy felices y esperamos que te guste porque es de buena marca, pantalla táctil y cámara HD; no te regalan solamente ese menudo pedazo de acrílico que te guardarás en el bolsillo y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo […]. Te regalan la necesidad de darle carga casi todos los días, la obligación de darle carga para que siga siendo un celular; te regalan la obsesión por atender al grupo de What’s App, a ese amigo que ya no ves nunca, al Facebook, al Twitter, a hora exacta. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu celular con los demás celulares. No te regalan un celular, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del celular.


Texto original: “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj”


martes, 12 de agosto de 2014

Facebook y Medios

Como un ahogado tira un manotazo, yo me pongo a escribir. Y las palabras salen solas, tal vez nunca sepa bien por qué. Lo que si sé es que me ahogo. Me ahogo cada vez que prendo la computadora y mi mano empieza a moverse casi sola llevándome a ese mar tortuoso que se llama Facebook. Sólo basta con un click para zambullirme en fotos de gente que casi ni conozco, en palabras insulsas y novedades que duran con suerte tres días.

Últimamente, todos hablamos de ladrones. De ladrones ricos, de ladrones pobres... ligan los políticos y las grandes corporaciones, liga el flaco de la vuelta que escucha cumbia toda la siesta. Pero nos olvidamos de un pequeño gran ladrón, que roba algo tal vez más valioso que el dinero de los impuestos o el celular y las zapatillas. Se olvidan del ladrón que roba tiempo. Se olvidan de Facebook.

Ni ganas me dan de ponerme a pensar en la cantidad de horas que succiona este mosquito electrónico del cuerpo de las personas. Acariciando la ruedita del mouse hasta encontrar algo que nos saque una sonrisa o, en el mejor de los casos, una carcajada. Haciendo pasar de largo un par de fotos de africanos desnutridos y palestinos sin hogar. Recordando, resignados, que no podemos hacer nada porque nuestro like no alimenta niños y nuestro comentario no reconstruye casas.

Y, a pesar de todo, el mosquito electrónico sigue alimentándose. Es que nos encanta que nos pique y nos vuele cerca de la oreja porque amamos que Juan o Pepe nos hablen por chat, que Fulana o Mengana nos den like y nos comenten el estado. Nos encanta mirar gente conocida estando completamente solos. Y volvemos al otro día a hacer casi exactamente lo mismo. Somos un perro persiguiendo su propia cola frente a la mirada jocosa de una red social que cree poseernos. Ya me cansé de estar atrapado en esa red, de transformar el encierro en rutina. Hoy es uno de esos días en los que estar cansado me da más energía.

Hoy tengo que hacer una llamada importante. Tengo que llamarme a mí mismo. Me propondré un negocio que no podré rechazar. Compraré un espiral anti-mosquitos. Basta de ser picado. Muchos locos preferimos regalarle nuestro tiempo a escribir algo que tal vez nunca nadie lea. Cualquier cosa antes de ser solo un espectador de vidas ajenas. Muchos locos preferiríamos mirar la pared de nuestra casa antes que el inicio de Facebook. Por lo menos en la pared no me va a aparecer publicidad.

Basta de obesidad mental y de pasividad. Basta de consumir y consumir toda la basura que nos ponen enfrente. Prefiero crear mi propia basura y por eso escribo. Porque la porquería sigue siendo porquería aunque le guste a todo el mundo. No porque esté en Facebook, la porquería va a dejar de ser porquería. -¿Porquería en Facebook o porquería en blog? -Prefiero porquería en blog. -¿Le gustaría agrandar su combo por diez pesos? -No, gracias.