miércoles, 29 de abril de 2015

Yo Soy

Yo soy. El universo es. El universo es el todo. Y yo soy uno con el universo. Soy parte inherente de el. El universo es y siempre lo fue. Siempre lo será. El todo es grande. Yo soy pequeño. El todo me abraza. Siempre fui parte del todo. Siempre seré parte del todo. Lo sagrado es el todo único. Es lo único real. Luego, el funcionamiento humano se fragmenta: primero en dos (lo bueno y lo malo), luego en grises. Pero lo sublatente es el todo único. Lo absoluto es el todo único y supraracional. El todo único es. Independientemente de cualquier acción nuestra. Es, a pesar de que haya o no alguien para pensarlo. El todo es lo primero y lo más real. Las acciones de la vida diaria son lo secundario y lo pasajero. Igualmente se incluyen dentro de la eternidad del cosmos y son parte innegable de el. Sean cuales sean estas acciones, siempre serán parte real del todo único. Una parte ínfima pero inherente a él. Toda acción humana es algo impredecible para el hombre y totalmente predecible y calculable para el todo. TIEMPO: El humano divide el ser en un pasado del cual no recuerda casi nada, un presente del cual capta muy poco y un futuro del cual no sabe nada. El todo no se divide. El todo es. El todo no sabe. Saber es parcializar. El todo no parcializa. Contiene todo el pasado, el presente y el futuro en una sola dimensión. Trasciende el tiempo y el espacio en su concepción humana. ESPACIO: el humano divide el espacio en lo macroscópico, de lo cual ve solo una parte, en lo microscópico, de lo cual no ve casi nada, y en lo cósmico, del lo cual no ve nada porque está más lejano de lo que la luz pueda recorrer. El todo contiene lo macroscópico, lo microscópico y lo cósmico en una sola unidad. Contiene lo que toca la luz y lo que no. Lo claro y lo oscuro. El todo único contiene el tiempo y el espacio en su totalidad y se eleva por ende a la última y única verdad del ser. Su cantidad de información es obnubilante para cualquier conciencia humana y, por ende, la emoción que esta deberia sentir es el RESPETO INFINITO, la confianza incondicional, la devoción y la entrega absolutas, la más profunda y movilizante conmoción. Es el gozo de trascender el bien y el mal, el placer de no ser juzgado por lo hecho, por lo que se está haciendo ni por lo que se hará. El todo calmará toda conciencia turbada y la llenará de alegría, seguridad y amor. El todo debería mantenerse siempre sublatente a la conciencia de todo hombre, latiendo como el factor trascendente y que <une>, tras el funcionamiento de lo social, que separa y parcializa. El todo contiene todo de manera plena. Una de las ironías más grandes es que el todo contenga plenamente aquellos recorridos nerviosos que en una mente humana se codifican como un sentimiento profundo de soledad y aislamiento y desamparo.